miércoles, 25 de febrero de 2015

Liwa Ya Ndika Somo (El Asalto N.2) de Johnny Bokelo y su Orquesta África Mbonda.

Por Dairo Barriosnuevo*



Solo hasta mediados de la década de los 90, fue que en Colombia, se llegó a saber de su existencia, gracias a que Jarold Sarmiento, uno de los picoteros de ese momento, en el picó “El Torres” en concierto, de Barranquilla, de propiedad del señor Armando Villa, se consiguiera el este long play, luego que Aroldo (El Flaco) Iriarte uno de los administradores del picó El Rey de Rocha, se lo cediera.

El Gran Torres de la década de los 90
Para los cartageneros, en ese momento, la música africana ya no les significa mucho, para ellos ya no tiene ningún valor económico, por aquello de que los picós Cartageneros, como si se tratara de pequeñas casas disqueras, están dedicados a lanzar, promocionar y comercializar discos de producción local, música de cantantes de los barrios populares de Cartagena, más que nunca, la champeta criolla, estaba en todo su furor en la ciudad amurallada.

Armando Villa
Armando Villa para entonces, era propietario de los dos picós más importantes en la ciudad de Barranquilla “El Gran Torres” y “El Gran Pijuán” de manera simultánea. Claro está, El Torres en Concierto lo empezó a programar, sin embargo, estos dos aparatos de sonido, no serían, los que realmente dieran a conocer al público bailador el destacado corte musical llamado: “Liwa Ya Ndika Somo” del cantante congolés “Johnny Bokelo” y la orquesta África Mbonda, el cual fue grabado en la ciudad de París en el año de 1983, bajo el sello disquero J.B.L. Pues bien, quien realmente lo sonó y lo proyecto fue un tercer picó llamado “El Arvi” cuyo nombre fue derivado de las iniciales de Armando Villa, eso fue para el año de 1998, lo curioso, es que para ese momento, este último aparato de sonido ya no tenía tocadiscos en su torna mesa.

Picó El Arvi
El Arvi fue un pequeño sonido de formas comprimidas, pero tenía un sonido tan potente y claro, que superaba a cualquier muralla con parlantes que le pusieran al lado, de modo, que desde el primer momento en que lo prendían, con exclamación y todo, dejaba boquiabierto al público barranquillero que lo vieron y oyeron. El Arvi tuvo corta vida, lo armaban solamente para competir en los llamados encuentros o duelos picoteros, fue además, la antesala, o el inicio de una nueva potencia de sonido llamado “El Skorpion Disco Show” claro que esa es otra historia.

Liwa Ya Ndika Somo fue identificado con el piconema de “El Asalto N.2,” gracias a que tiene los tonos y colores de los sonidos muy parecidos a otro disco éxito de antelación, perteneciente a la orquesta Massako 82, al que primero le llamaron “El Asalto.”

Martín Olascoaga (Picotero)
Los picoteros que mandaban la parada imponiendo como exclusivo este disco fueron Martín Olascoaga, Manuel Acuña (El Biónico Mañe) y Jarold Sarmiento.

Manuel Acuña "Biónico Mane" (Picotero)
Al cabo de un tiempo, cuando ya el disco era muy solicitado por el bailador, el melómano y el público en general, despertó el interés de algunos propietarios de picó y de coleccionistas de música, fue entonces, cuando los administradores del picó “El Rey de Rocha” con sede en la ciudad de Cartagena, comenzaron a solicitarlo y reclamarlo como suyo, de ser los reales dueños del disco, de modo que se lo mandaron a pedir a Armando Villa, este ni corto ni perezoso les dijo, que para devolverlo, tenían que pagarle $700 mil pesos por tomarse el trabajo de promocionarlo y convertirlo en un nuevo éxito en los bailes de verbena.


Jarold Sarmiento (picotero)
El Biónico Mañe dice, que los hermanos Iriarte del picó El Rey, pagaron por el disco, sin embargo, antes de entregarlo el disco ya se le había sacado copia para tenerlo y seguirlo programando. Por su parte, Armando Villa, no recuerda haber recibido dinero a cambio del disco, ni tampoco recuerda a quién fue que se lo entrego. Jarold Sarmiento por su parte dice, que en ese momento, el disco llegó a cotizarse hasta en 1 millón de pesos.
Un modelo más reciente del "Gran Torres" en Concierto
Sea mito o realidad lo de esta transacción, lo que si es cierto, es que el valioso acetato original de Johnny Bokelo, fue a parar a las manos de un nuevo aparato de sonido que se abría camino en la ya disputada plaza verbenera de Barranquilla, se trataba del picó “El Moreno Mega Show” de propiedad de Angel Moreno.

Agradecimientos:

Armando Villa
Manuel Acuña
Jarold Sarmiento
Carlos Estrada
Fotos: Perfiles de Facebook
Enlaces de Youtube

*Artista plástico, docente e investigador cultural.


  

viernes, 20 de febrero de 2015

CARNAVALEANDO ANDO...

Por Dairo Barriosnuevo*


Después de muchos años de vivir en medio de las carnestolendas fiestas de Barranquilla, por primera vez decidí ponerme un disfraz completo “de pies a cabeza”  

Fue una interesante experiencia, siempre había visto y apreciado el carnaval siendo un simple espectador o un consumidor pasivo, ya sea desde un palco o bordillo la mayoría de las veces o ninguna de las anteriores. Este año 2015, tuve la oportunidad de ser lo que los críticos llaman “un idiota útil,” porque me preste a ser la materia prima, para que los comerciantes de siempre y todos los años durante el carnaval, hagan su jugoso negocio de temporada.



No fue costoso disfrazarse, me compre una capucha de marimonda y una camisa multicolores brillante, me puse el pantalón al revés aunque necesitaba de los bolsillos, me conseguí una barita de totumo y un pito de pea pea. Al menos me disfrace de una manera descomplicada, sin tener que embadurnarme con sustancias viscosas o pegajosa, tampoco lleve cosas u objetos incómodos que me resulte un absoluto encarte.

Algo interesante del disfraz fue que podía ver a todos sin que nadie me pudiera reconocer, me sentía como invisible, sin embargo, pasaron por mi cabeza algunas preocupantes ideas, como la de ser confundido y encontrarme en el lugar equivocado y verme involucrado en situaciones y problemas bochornosos que nada tengan que ver conmigo.



Al no ser reconocido quise probar y tener acceso a un reconocido burdel de la ciudad y ver ¿cómo es el ambiente del llamado infierno durante un día de Carnaval? Los vigilantes del lugar no me lo permitieron, a menos, que me identificara despojándome del capuchón, hasta señalaron la ubicación de la cámara. Considere que la gracia del disfraz consistía en mantener el anonimato. Lo mismo sucedió en un billar, a pesar de que me dispuse a una requisa tuve que ir a orinar a otro lado.
              
Comprendí que es muy importante saber escoger el disfraz y aunque se dice, que en carnaval todo se vale, hay que tener en cuenta en no caer en la vulgaridad, me percaté de que los que más se acercan para ver y contemplar el disfraz son los niños y jóvenes.



Inicie caminando por los barrios y comprobé, que un solo disfraz, es más admirado y apreciado por la gente, que estando en medio de un desfile con muchos otros disfraces.

Aunque no tengas el entusiasmo, ni sepas hacer las acostumbradas morisquetas y gestos del personaje, los que hay que practicar, a la gente siempre les parece muy divertido. El disfraz de marimonda es muy erotizado, para el caso de las mujeres, se les da mucho por agarrar y jalar de su larga nariz, claro, no podemos decir lo mismo de los niños, es un simple asunto de travesura y necedad.

La realización personal de alguien que se disfraza consiste en la aceptación, en la valoración de lo que se haces, y se ve reflejado en la interacción con la gente del común, de lado a lado del bordillo, te lo hace saber con una sonrisa, su alegría, especialmente ellas, te sacan a bailar, te ofrecen trago, cerveza, gaseosa, agua y hasta dinero, aunque no se lo pidas, además, te detienen para tomarse la foto para de inmediato compartirla en la red social.



Para el disfraz no hay obstáculos ni talanqueras, se ingresa a los desfiles y sitios, a los que cualquier persona del público consumidor, desea ingresar. Lo pude comprobar en la batalla de flores de la 44.

Los invito a todos a disfrazarse, contra el centralismo oficial de la fiesta, hay que disfrazarse, vale la pena.



*Artista Plástico e Investigador cultural.